LA LANGOSTA EN LA SERENA. ¿Plaga o abundancia?

15 Junio 2022

 

Mucho se viene hablando estos días de la abundancia de langosta en la comarca de La Serena, y son varios los medios de comunicación que se han hecho eco de la noticia calificando la situación de PLAGA. Esta palabra como todos sabemos está cargada de connotaciones negativas por recordarnos a las plagas bíblicas y sus devastadores efectos, pero no se ajusta para nada a la realidad, y por ello conviene dejar claras algunas cosas.

 

De entre los ortópteros que viven en los llanos de Extremadura, la Langosta Marroquí (Dociostaurus maroccanus) es el único que se puede convertir en un peligro para los cultivos.

 

En la Langosta Marroquí hay dos fases: la “solitaria”, que se establece bajo condiciones de ambiente normales, y la “gregaria” que se asocia en número extraordinario desde el nacimiento.

 

En la fase “solitaria” la proporción de machos/hembra es de 1/1. En la fase “gregaria”, de 1/10. En la fase “solitaria” una hembra produce un solo canuto de unos 30 huevos. En la “gregaria”, una media de cuatro canutos de 30 huevos cada uno. Las langostas “gregarias” emigran en bandos de incontable número, provocando “PLAGAS”, mientras que en la fase solitaria no emprenden vuelos en grandes masas, causando daños muy localizados.

 

Pero ¿qué es una plaga de langostas?

 

Pues si hay algo que está suficientemente claro para la comunidad científica es que para catalogar una “plaga de langostas” no se puede utilizar la densidad de ortópteros por metro cuadrado. Para definir una “plaga de langostas” es preciso utilizar parámetros bioquímicos y de coloración.

 

Hay “plaga”, es decir, “fase gregaria” de la langosta, cuando el índice élitro/fémur de los machos es mayor de 1´39 y en las hembras, de 1´70; cuando el élitro es mayor que el fémur en el 75% y el ala mayor que el fémur en el 60%. Además, las langostas en la “fase gregaria” tienen las mandíbulas negras, mientras en la “solitaria”, claras. Por otro lado, la transformación de la “fase solitaria” a “gregaria” no es repentina, sino que dura dos o más años, obedeciendo a circunstancias ambientales, por lo que se puede prever.

 

En Extremadura existen dos zonas en las que las langostas son frecuentes en lo que se conoce como “fase solitaria”. Esas dos zonas coinciden con los pastizales de las comarcas de “La Serena” y los “Llanos de Cáceres”. El control de estas zonas siempre se ha considerado como fundamental, ya que en caso de producirse un cambio a “fase gregaria” (lo que sería una plaga), se podrían ver afectadas extensas áreas de toda España.

 

Las primeras noticias de devastaciones producidas por la langosta, datan de 1584, siendo las mayores plagas las de 1922-1923 y las de 1939-1940. Después de ochenta años de la última plaga, la langosta hace tiempo que dejó de suponer un peligro en España. Pero no por ello, se puede dejar de controlar y vigilar. Es necesario evitar que aparezca la temida “fase gregaria” (la plaga) y se quede, como cada año, en “fase solitaria”.

 

La lucha contra la langosta

 

La lucha contra la langosta se remonta a cientos de años, habiéndose empleado durante este tiempo multitud de métodos, desde los preventivos (arado en las zonas de puesta), mecánicos (paso de rodillos o pisones para aplastarlos) o incluso el empleo de unos enormes artilugios semejantes a gigantescos cazamariposas, llamados “garapitas” y manejados por varias personas. También se creaban grandes barreras formadas por lienzos que se empleaban para impedirles el paso y conducir a los insectos hacia unos agujeros en los que se les quemaba o se les cubría con cal viva.

 

Ya en pleno siglo XX empezaron a emplearse los primeros insecticidas entre los que destacaron el arseniato de cal espolvoreado, así como cebos de arsenito sódico. Estos métodos eran muy perniciosos tanto para la fauna como para las propias personas. En los años cincuenta empezaron a emplearse pesticidas organoclorados, sin saber que los efectos eran similares a los anteriores, y a partir de los años ochenta se pasó a los organofosforados, como el malathion, que durante años fue el método principal y casi exclusivo de lucha contra la langosta en los llanos extremeños, siendo aplicado desde avionetas.

 

El malathion es un compuesto químico no sistémico con actividad acaricida. Por sus características metabólicas, distintas en insectos y en animales de sangre caliente, era de baja toxicidad para mamíferos. Su persistencia es corta o moderada y actúa fundamentalmente sobre los dípteros, hemípteros y larvas de lepidópteros, actuando principalmente por contacto directo. Unos desajustes fuertes del metabolismo hídrico y la extravasación de hemolinfa por la boca, contribuyen a la incidencia letal. La toxicidad apícola del malathion ha demostrado ser muy alta y su toxicidad para los peces, también.

 

Pero, ¿afectaba el malathion a las aves?

 

Pues, claramente sí, a pesar de la supuesta ignorancia que durante años demostró la Consejería de Agricultura de la Junta de Extremadura cuando en los años ochenta desde ADENEX se insistía en su peligrosidad y se pedía la finalización de su uso.

 

El malathion afecta a las aves de dos formas fundamentales:

 

  • Directamente, ya que a determinadas concentraciones se ha demostrado su toxicidad para los pollos de corta edad.
  • Indirectamente, ya que deja a las aves adultas y, sobre todo a sus pollos, sin alimento, justo en la época más crítica de su desarrollo.
  • Existe una afección mezcla de ambas formas, ya que como pudo observarse en el pasado, la ausencia de presas vivas hacía que muchas aves recurrieran exclusivamente a las muertas por el malathion para alimentarse, con el consiguiente envenenamiento.

 

Y cuando hablamos de envenenamiento no estamos hablando sólo de Avutardas, Sisones, Aguiluchos, Cigüeñas y Cernícalos. También de Perdices, especie tan apreciada por los cazadores: una de las principales causas de su disminución fue precisamente el uso del malathion.

 

Y a todo esto había que añadir las molestias durante el periodo de reproducción de las aves, ocasionadas por las avionetas, que al sobrevolar los llanos extremeños a baja altura, espantaban a los adultos de diferentes especies, que sufrían un considerable estrés, y en muchos casos morían al chocar con tendidos eléctricos y alambradas.

 

         Más recientemente desde el Servicio de Sanidad Vegetal de la Junta de Extremadura se vienen realizando cada año distintos trabajos encaminados a prospectar los terrenos, localizar las zonas de puesta, y llevar a cabo tratamientos durante la primera fase de desarrollo, minimizando así el empleo de productos químicos y al mismo tiempo evitando la expansión de los ortópteros.

 

¿Qué ha ocurrido este año para que esa expansión haya sido aparentemente tan “alarmante”?

La verdad es que no es la primera vez que ocurre algo así, y por tanto no debería alarmarnos. Más bien deberíamos buscar las causas que la han provocado. Hace algo más de una década tuvimos una situación semejante, y el problema entonces fue que, si bien se prospectaban las zonas y se informaba de los focos, los equipos de fumigación disponían de 5 vehículos para toda la región, de los cuales 3 estaban averiados. Este año no parece que el problema haya sido el mismo, pero desde luego algo debe haber fallado. Y las consultas a distintos miembros de equipos, que desean permanecer en el anonimato, hablan de “miedo a hacer una labor tan perfecta que les deje sin trabajo la próxima temporada”, y también de deficiencias en los tratamientos tempranos llevados a cabo en el mes de Abril, cuando las condiciones climáticas fueron muy adversas debido a días de lluvia y de bajas temperaturas. En esas condiciones la aplicación de los productos fitosanitarios está desaconsejadas por su baja eficacia, pero algún técnico no solo las aprobó, sino que al parecer llegó a decir: “aplicadlo, que algo hará”.

 

Verter ciertos productos en el campo, a sabiendas de su baja efectividad, no es algo absurdo, sino una verdadera temeridad, ya que esas lluvias de Abril los arrastran hasta cursos de agua en los que terminamos por consumirlos de alguna manera.

 

Pero en cualquier caso, se debería haber realizado algún tratamiento localizado en el mes de Mayo que hubiera impedido la explosión demográfica que ahora se sufre en Junio. Y de hecho, el problema no es generalizado en toda La Serena. ¿Por qué afecta a unas zonas y no a otras? ¿Se han cumplido los protocolos de actuación en unas zonas y en otras no? ¿Qué tiene que decir al respecto el Servicio de Sanidad Vegetal?

 

Tras muchos días de espera, en los que distintos medios de comunicación han agrandado la noticia, con entrevistas a algunos ganaderos en las que ponían el grito en el cielo, por fin se ha dado una respuesta desde la administración, tras la reunión de la mesa de la langosta. Y esa respuesta ha sido que “la agricultura ecológica es el origen del brote”, y de cara a la próxima campaña proponen medidas como “aumentar la información y roturar más tierras”.

 

Echar la culpa a la agricultura ecológica y a la protección de las aves esteparias, aduciendo que donde habitan no se pueden realizar tratamientos contra la langosta, además de ser completamente falso, es una demostración de mala fe. Determinadas fincas y propietarios se benefician de programas de protección a las aves esteparias, pero para el acceso a los mismos en ningún caso se limita ni mucho menos se impiden los tratamientos en las primeras fases de desarrollo. Si se hacen las cosas bien se puede contener la población de langostas dentro de unos niveles apropiados que no impidan la alimentación de la avifauna y que tampoco supongan pérdidas sustanciales para los agricultores y ganaderos.

 

El Servicio de Sanidad Vegetal, en lugar de echar balones fuera, debería comenzar por analizar cómo se han desarrollado los trabajos y qué es lo que ha fallado en las fases de prospección y de tratamiento primario.

 

Lo que no estamos dispuestos a permitir es que el fallo en la primera fase, por los motivos que sea, de lugar a fumigaciones masivas que comporten los problemas de los años ochenta del siglo pasado.

 

Nos oponemos a los tratamientos aéreos masivos por los graves problemas que causan, y desde luego no estamos dispuestos a permitir que vuelva a emplearse Malathion ni productos similares, aduciendo un descontrol o hablando erróneamente de plaga. Y exigimos al Servicio de Sanidad Vegetal de la Consejería de Agricultura, Desarrollo Rural, Población y Territorio de la Junta de Extremadura que lleve a cabo una investigación para determinar qué ha fallado para que este año se haya producido esa expansión de langosta tan significativa (que no plaga).

 

Igualmente pedimos a los distintos medios de comunicación que traten el tema de la langosta con rigor, sin alarmismo, y dando voz a los diferentes colectivos, y a los medios de ámbito nacional, que no se acuerden de Extremadura sólo para contar desgracias.

ANSER.

Asociación Naturalista de Amigos de La Serena.

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