Otro bocado a la dehesa extremeña para afrontar un regadío inviable

17 de noviembre de 2020

Hace ya más de veinte años que a cierto alcalde de un pueblo con una economía esencialmente agrícola, se le ocurrió la feliz idea de congraciarse con sus vecinos anunciando a bombo y platillo la posibilidad de traer el regadío a las tierras del municipio que regía, y hasta de otros colindantes, esgrimiendo las bondades del riego para el olivar, y la posibilidad de incrementar los beneficios gracias al mismo. La promesa de obtener fondos públicos para llevar a cabo las obras era el revulsivo imprescindible para contar con el apoyo de los agricultores, que tendrían que hacer una inversión mínima, pues cuando las cosas se pagan con los impuestos de todos (amparándose en un presunto “interés general”) los costes se abaratan sobremanera, ... y claro está, así se apunta cualquiera.

 

Arranque masivo de encinas para construir balsa de almacenamiento. El arroyo de Benquerencia, del que se tiene que alimentar, lleva años sin correr.

 

 

Encina marcada para su arranque. Como se puede apreciar, tiene el número 317. La autorización permite el arranque de 196 encinas. ¿Qué está pasando con las restantes?

 

No vamos a discutir aquí el beneficio económico que puede aportar el regadío a cualquier cultivo, pero sí hemos de dejar claro que para materializar un regadío hacen falta dos cosas imprescindibles. La primera de ella es disponer de agua en la suficiente cantidad y de forma permanente (la cantidad necesaria y todos los años), y la segunda es conseguir ese agua por un coste económico adecuado (vamos, que el coste no exceda el beneficio).

 

El primer proyecto que se planteó, resultó del todo inviable por su elevado coste tanto de obras como sobre todo de mantenimiento. Aquél alcalde miró el mapa, vio dónde estaba la presa de La Serena (la mayor masa de agua de esta comarca, y de paso de toda Extremadura), vio también dónde se ubicaba su pueblo, y dijo: “ya está”. No es de extrañar que hasta le pareciera que el trayecto “iba cuesta abajo”. Pero no. No estaba cuesta abajo ni mucho menos. Aunque en los mapas nos presenten el norte arriba y el sur abajo, eso no significa que haya un desnivel entre ambos. Es más: en esta comarca los principales ríos y arroyos fluyen de sur a norte, y eso deber ser por algo. En resumidas cuentas, que después de presentar un proyecto y gastar una suma considerable, alguien que de verdad entendía dijo eso de: “esto no puede funcionar”. Y aunque las obras las pagáramos entre todos, sólo el mantenimiento, hubiera llevado a la ruina a los agricultores que en su día se creyeron lo que se les contó, y que ya llevaban años abonando unas cuotas por los gastos del regadío que estaba cada año “a punto de llegar”, pero que nunca terminaba de hacerlo.

 

Tala masiva de encinas.

 

Una década más tarde, ya con un alcalde diferente (que heredó el marrón del regadío prometido) comenzó la búsqueda de alternativas para la obtención de la preciada agua con un coste adecuado. Y en 2009, después de descartar un par de opciones, se llegó a la conclusión, que la única opción que se consideraba medianamente viable (esta vez por parte de expertos) era disminuir drásticamente la zona regable y captar las aguas en zonas próximas, evitando costosos bombeos. Se decidió entonces captar la corriente del Arroyo de Benquerencia, creando una balsa cerca de su desembocadura en el río Zújar, que en función de la lluvias anuales, también necesitaría aguas de este río, antes de que acabaran en la Presa de La Serena (ya la echarán en falta otros).

 

No es que la nueva opción fuera la panacea, ni mucho menos. De hecho, otros expertos tan buenos y tan competentes como los que han realizado el proyecto, opinan que esa condición indispensable de la que hablamos al principio: “agua en la suficiente cantidad y de forma permanente” va a ser difícil que se cumpla, sobre todo si tenemos en cuenta los periodos de sequía que venimos padeciendo desde hace décadas (como el que atravesamos en este momento, y que ya dura más de cinco años, y que ha convertido a la Presa de La Serena en poco más que un charco). Luego está la segunda condición: conseguir el agua por un coste económico adecuado. Eso lo pretenden solucionar con una planta solar fotovoltaica que evitará buena parte del elevado coste de mantenimiento, y como en este caso concreto todo se paga con dinero público, pues ya esta: entre todos, cabemos a menos. Por tanto, más que panacea, se podría hablar de sospechas de poca viabilidad a largo plazo, y de despilfarro de dinero público. Recordemos que esta fase cuesta casi 18 millones de euros, (eso sin contar el coste de las expropiaciones de terrenos, la redacción del proyecto y la dirección de obras). El total supera ámpliamente los 20 millones de Euros, de los que más de 18 millones (más del 92%) se pagan con nuestros impuestos. Eso supone un coste en torno a los 18.000 € por cada hectárea que se va a regar. Una pasada. Pero claro, a nivel político, después de más de veinte años había que dar salida al proyecto, y esta era la alternativa menos mala. Bueno, esta y la reducción del proyecto inicial, limitándolo a poco más del 3% de lo que estaba previsto en un principio, y el 20% de la corrección realizada en el año 2009. Eso sí, dicen eso de “esta es la primera fase; el resto del terreno se cubrirá en sucesivas fases”. ¿De dónde piensan sacar el agua? Ya veremos lo que pasa cuando el agua empiece a escasear en esta primera fase. Porque si esta fase no resulta viable al cien por cien ¿alguien tendrá la intención de empezar otra? El tiempo lo dirá, porque a estupideces, al ser humano no le gana nadie; y si ya entran en liza los políticos y sus necesidades de votos…

 

Encinas centenarias taladas para un regadío incierto.

 

Después de la anterior información, necesaria para conocer cómo y por qué se ha llegado hasta aquí, vamos al coste ambiental del proyecto de regadío en el término de Monterrubio de la Serena (para quienes todavía no hubieran identificado el sitio). Porque si las obras nos van a costar una pasta a todos, a nivel ambiental los costes no van a ser menores.

La balsa para recogida de aguas se ubica en una zona de encinar, que estos días está siendo eliminado. El total de encinas que van a ser taladas según el estudio de impacto ambiental es de 196, pero en una visita a la zona se ha podido observar que el número de árboles de tal especie numerados para su eliminación llega al menos a 317. Esas sólo las que se hayan en terrenos de la balsa y junto al camino de acceso. Pero tenemos conocimientos de algunas otras aisladas, que están siendo taladas en terrenos de cultivo, en espera del ansiado regadío, contraviniendo expresamente lo indicado en el citado estudio de impacto ambiental. Pero es que además el citado informe exige la plantación de 1960 encinas nuevas, para lo cual se dispone de los terrenos aledaños a la balsa que se construya, así como las parcelas 2 y 150 de los polígonos 2 y 12 respectivamente. Pues bien, la primera de esas parcelas tiene un suelo eminentemente granítico donde puede funcionar una cantera, pero difícilmente prosperarían encinas, más allá de las dos existentes, y que sobreviven a duras penas. En cuanto a la parcela 150 del polígono 12, es una zona de encinar denso que no precisa reforestación alguna. ¿Es que no hay más espacios disponibles en el término municipal? ¿O es que todos están reservados para el olivar?

 

 

 

La afección a la avifauna que habita en la zona es muy alta. Numerosas especies de aves protegidas (cuya lista completa se indica más adelante) van a perder una importante zona de reproducción y/o invernada, la cual quedará arrasada en pocos días, y nunca volverá a tener los valores actuales.

 Además del valor del encinar, la parte final del Arroyo de Benquerencia dispone de una rica vegetación, principalmente Fresnos y sauces, conformando un bosque de ribera que necesita un mínimo de corriente de agua para subsistir, y que según el proyecto de regadío perderá ese agua durante los meses de Noviembre a Abril (ambos incluidos) periodo de tiempo en el que se producen más del 80% de las lluvias en la zona. Tanto el bosque de ribera del tramo final del Arroyo de Benquerencia como las tablas del río Zújar existentes en las proximidades se verán alterados de forma irreversible por la captación de aguas, afectando a una importante avifauna que en la actualidad depende de esos espacios, bien durante el periodo reproductor o durante la invernada. Esas especies de aves, incluidas en el Catálogo Regional de Especies Amenazadas de Extremadura, son las que se citan a continuación:

 

En peligro de extinción:

 Cigüeña negra (Ciconia nigra). Se alimenta en las tablas del río Zujar.

Milano real (Milvus milvus). Invernante y reproductor en la zona.

 

Sensible a la alteración de su hábitat:

 Avetorillo común (Ixobrichus minutus). Reproductor en la zona.

Martinete (Nycticorax nycticorax). Reproductor en la zona.

Aguilucho lagunero (Circus aeruginosus). Invernante y reproductor en la zona.

 

Vulnerable:

 Elanio azul (Elanus caeruleus). Reproductor e invernante en la zona.

Alzacola (Cercotrichas galactotes). Reproductor en la zona.
Pechiazul (Lucinia svecica). Invernante en la zona.

 

 

 

De interés especial:

 Zampullín chico (Tachybaptus ruficollis). Reproductor e invernante en la zona.

Somormujo lavanco (Podiceps cristatus). Reproductor e invernante en la zona.
Garcilla bueyera (Bubulcus ibis). Reproductor e invernante en la zona.
Garceta común (Egretta garzetta). Reproductor e invernante en la zona.
Garza real (Ardea cinerea). Reproductor e invernante en la zona.
Cigüeña común (Ciconia ciconia). Reproductor e invernante en la zona.
Milano negro (Milvus migrans). Reproductor en la zona.

Gavilán (Accipiter nisus). Invernante en la zona.
Ratonero común (Buteo buteo). Reproductor e invernante en la zona.
Aguila calzada (Hieraetus pennatus) . Reproductor en la zona.

Rascón (Rallus aquaticus). Reproductor e invernante en la zona.
Polluela pintoja (Porzana porzana). Reproductor e invernante en la zona.

Polluela chica (Porzana pusilla). Reproductor e invernante en la zona.
Grulla común (Grus grus). Invernante en la zona.
Cigüeñuela (Himantopus himantopus). Iinvernante en la zona.

Chorlitejo chico (Charadrius dubius). Reproductor e invernante en la zona.
Chorlitejo grande (Charadrius hiaticula). Reproductor e invernante en la zona.
Chorlitejo patinegro (Charadrius alexandrinus). Invernante en la zona.

Correlimos menudo (Galidris minuta). Reproductor e invernante en la zona.

Correlimos común (Calidris alpina). Reproductor e invernante en la zona.

Agachadiza chica (Lymnocryptes minimus). Invernante en la zona.

Archibebe común (Tringa totanus). Reproductor e invernante en la zona.

Archibebe claro (Tringa nebularia). Reproductor e invernante en la zona.
Andarríos grande (Tringa ochropus). Reproductor e invernante en la zona.

Andarríos chico (Actitis hypoleucos). Reproductor e invernante en la zona.

Críalo (Clamator glandarius). Reproductor e invernante en la zona.
Cuco (Cuculus canorus). Reproductor e invernante en la zona.

Autillo (Otus scops). Reproductor e invernante en la zona.

Mochuelo común (Athene noctua). Reproductor e invernante en la zona.

Lechuza campestre (Asio flammeus). Reproductor e invernante en la zona.
Chotacabras gris (Caprimulgus europaeus). Reproductor e invernante en la zona.
Chotacabras pardo (Camprimulgus ruficollis). Reproductor e invernante en la zona.
Martín pescador (Alcedo atthis). Reproductor e invernante en la zona.

Abejaruco común (Merops apiaster). Reproductor en la zona.

Abubilla (Upupa epops). Reproductor e invernante en la zona.

Calandria (Melanocorypha calandra). Reproductor e invernante en la zona.
Terrera común (Calandrella brachydactyla). Reproductor e invernante en la zona.
Cogujada común (Galerida cristata). Reproductor e invernante en la zona.
Cogujada montesina (Galerida theklae). Reproductor e invernante en la zona.
Totovía (Lullula arborea). Reproductor e invernante en la zona.
Alondra común (Alauda arvensis). Invernante en la zona.

Bisbita arbóreo (Anthus arborea). Reproductor e invernante en la zona.
Bisbita común (Anthus pratensis). Reproductor e invernante en la zona.

Lavandera boyera (Motacilla flava). Invernante en la zona.
Lavandera cascadeña (Motacilla cinerea). Invernante en la zona.
Lavandera blanca (Motacilla alba). Invernante en la zona.

Petirrojo (Ertitacus rubecula). Invernante en la zona.
Ruiseñor común (Luscinia megarhynchos). Reproductor en la zona.
Colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros). Invernante en la zona.
Colirrojo real (Phoenicurus phoenicurus). Invernante en la zona.
Tarabilla norteña (Saxicola rubetra). Invernante en la zona.
Tarabilla común (Saxicola torquata). Reproductor e invernante en la zona.
Collalba gris (Oenanthe oenanthe). Reproductor e invernante en la zona.
Collalba rubia (Oenanthe hispanica). Reproductor e invernante en la zona.

Mirlo común (Turdus merula). Reproductor e invernante en la zona.
Ruiseñor bastardo (Cettia cetti). Reproductor e invernante en la zona.
Buitrón (Cisticola iuncidis). Reproductor e invernante en la zona.
Buscarla pintoja (Locustella naevia). Reproductor e invernante en la zona.

Carricero común (Acrocephalus scirpaceus). Reproductor e invernante en la zona.
Carricero tordal (Acrocephalus arundinaceus). Reproductor e invernante en la zona.
Carricerín real (Acrocephalus melanopogon). Reproductor e invernante en la zona.
Carricerín común (Acrocephalus schoenobaenus). Reproductor e invernante en la zona.
Zarcero pálido (Hippolais pallida). Reproductor e invernante en la zona.
Zarcero común (Hippolais polyglotta). Reproductor e invernante en la zona.
Curruca rabilarga (Sylvia undata). Reproductor e invernante en la zona.
Curruca tomillera (Sylvia conspicillata). Reproductor e invernante en la zona.
Curruca carrasqueña (Sylvia cantillans). Reproductor e invernante en la zona.
Curruca cabecinegra (Sylvia melanocephala). Reproductor e invernante en la zona.
Curruca mirlona (Sylvia hortensis). Reproductor e invernante en la zona.
Curruca zarcera (Sylvia communis). Reproductor e invernante en la zona.
Curruca mosquitera (Sylvia borin). Reproductor e invernante en la zona.
Curruca capirotada (Sylvia atricapilla). Reproductor e invernante en la zona.
Mosquitero papialbo (Philloscopus bonelli). Reproductor e invernante en la zona.

Mosquitero común (Phylloscopus collybita). Reproductor e invernante en la zona.)
Mosquitero ibérico (Phylloscopus brehmmi). Reproductor e invernante en la zona.
Mosquitero musical (Phylloscopus trochilus). Reproductor e invernante en la zona.
Reyezuelo sencillo (Regulus regulus). Reproductor e invernante en la zona.

Papamoscas cerrojillo (Ficedula hipoleuca). Reproductor e invernante en la zona.
Mito (Aegithalos caudatus). Reproductor e invernante en la zona.
Herrerillo capuchino (Lophophanes cristatus). Reproductor e invernante en la zona.

Herrerillo común (Parus caeruleus). Reproductor e invernante en la zona.
Carbonero común (Parus major). Reproductor e invernante en la zona.

Agateador común (Certhia brachydactyla). Reproductor e invernante en la zona.

Pájaro moscón (Remiz penoulinus). Reproductor en la zona.
Oropéndola (Oriolus oriolus). Reproductor en la zona.
Alcaudón real (Lanius excubitor). Reproductor en la zona.
Alcaudón común (Lanius senator). Reproductor e invernante en la zona.

Rabilargo (Cyanopica cyanus). Reproductor e invernante en la zona.

Gorrión molinero (Passer montanus). Reproductor en la zona.
Gorrión chillón (Petronia petronia). Reproductor en la zona.

Pinzón vulgar (Fringilla coelebs). Reproductor en la zona.

Lúgano (Serinus spinus). Invernante en la zona.

Picogordo (Coccothraustes coccothraustes). Reproductor en la zona.

Escribano soteño (Emberiza cirlus). Reproductor en la zona.

Triguero (Miliaria calandra). Reproductor e invernante en la zona.

 

Al margen de los valores ambientales de la zona, la confluencia de los cursos de agua en cuyas inmediaciones se encuentra ha sido un lugar donde se han asentado las personas desde muy antiguo. Existen pues varios yacimientos arqueológicos cuya importancia se desconoce, y que corren el riesgo de ser destruidos.

 

 

 

Está claro que, una vez más, vamos a pagar un alto precio por un regadío poco viable, no sólo el económico, si además tenemos en cuenta que el precio de la aceituna lleva años a la baja, y que habida cuenta de la enorme superficie de olivar que se ha plantado en las últimas décadas, no se prevén signos de recuperación.

 

Pero lo más lamentable de todo es que la Consejería de Agricultura de la Junta de Extremadura siga despilfarrando dinero público, imponiendo su criterio a la Consejería para la Transición Ecológica y Sostenibilidad y haciéndonos creer que hacen semejante dispendio por el interés general de los extremeños.

 

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